8 de agosto de 2026

El Gran Simulacro del Bienestar

El Gran Simulacro del Bienestar

Bienvenidos al paraíso del orden, donde el aire huele a desinfectante y las cadenas tienen un acabado brillante que combina con el reloj de pulsera.

Analizaremos temas como: El trabajador como engranaje, Cuerpo como mercancía, Cuerpos dóciles, La fábrica social, Eficiencia, calculabilidad y predictibilidad, La jaula de hierro de la racionalidad y La Sociedad del Cansancio.

Aquí, en la cúspide de la evolución civilizada, hemos logrado el milagro definitivo: que el esclavo se sienta orgulloso de la marca de su látigo. Es una coreografía perfecta, un baile de cifras y sonrisas de plástico donde la libertad se mide por la capacidad de elegir qué veneno ingerir en el menú de oferta.

El sistema, ese ente invisible con aliento de oficina y manos de recaudador, nos arrulla cada mañana. Nos dice que somos especiales, ciudadanos de pleno derecho en una democracia que funciona como una máquina de carne.

Solo tienes que seguir la línea blanca, marcar la casilla correspondiente y, si te sobra un gramo de orgullo, aprender a tragarlo con un poco de agua mineral. No protestes, que queda feo; la moral vigente prohíbe el ruido, a menos que sea el de las monedas cayendo en la hucha de los de siempre.


Bienestar2 Nuestros abuelos sudaron sangre para que hoy podamos discutir por el color de una pantalla en un centro comercial.

Somos los herederos de una derrota que se disfraza de progreso, viviendo en un vacío decorado con luces LED. El control ya no necesita fusiles en cada esquina; le basta con un algoritmo que conoce tus miedos y una cuota mensual que te mantiene atado al poste del trabajo basura.

El cielo ya no es un más allá místico, es una suscripción premium que te permite mirar por encima del hombro a los que aún caminan por el barro.


Fíjense en los nuevos profetas, esos que visten corbata y hablan de patriotismo mientras venden el país por piezas. Te piden amor al trabajo mientras ellos solo aman el beneficio, te exigen sacrificios mientras sus papadas crecen al ritmo de la inflación.

Son bueyes barrigones que prometen revoluciones desde un cartel electoral para luego, una vez instalados en el trono de terciopelo, cerrar el puño solo para recoger la pasta que tú mismo has generado con tus riñones.


Y qué decir de nuestra "pantalla amiga". Esa ventana al mundo que solo muestra lo que conviene: un desfile de horrores masticados para que no pierdas el apetito, o un show de variedades donde la miseria ajena es el plato principal.

Nos quieren dormidos, babeando frente a una distorsión constante de la realidad, convencidos de que somos libres porque podemos gritarle al televisor. La cultura se ha vuelto un adorno de estantería, una enfermedad curada a base de ignorancia selectiva y obediencia civil.


En las calles, el uniforme vigila que la paz de los cementerios no se altere. La autoridad, ese chulo con placa que nos mira con desprecio, se asegura de que el "orden" sea respetado.

¿Qué orden? El que dicta que unos nacen para pringar y otros para gestionar las migajas. Es una guerra social silenciosa, donde los de arriba ríen y los de abajo se muerden entre sí por un trozo de pan pasado de fecha.


Nacemos con un número grabado en la frente y morimos esperando una jubilación que sabe a despedida. Todo está bajo control, dicen.

Pero en el fondo, en ese rincón del cerebro que aún no han logrado domesticar con sermones o narcóticos, sabemos que este cuento tiene un final podrido.


Bienestar3 Así que sigan con su amén, sigan vistiéndose con las pieles de una libertad que no existe.

Nosotros seguiremos aquí, de pie en nuestro vacío, observando cómo su mundo de cristal se agrieta bajo el peso de su propia hipocresía.

Porque al final del día, cuando se apagan las luces del plató y se cierran los despachos, lo único que queda es el sabor amargo de una verdad que no pueden ocultar: que su paraíso no es más que una celda muy bien decorada.

Y a menudo, por mucho que digan que hace sol, nos llueve mierda desde el despacho principal.

Comentarios (1)

Elegante 8 de agosto de 2026

Bravo, Kalbo. Te ha s salido. Buena poética de la actualidad.

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