7 de octubre de 2025

La ineficiencia de la Administración Pública

La ineficiencia de la Administración Pública

El "ejército" de los tres millones

Si tienes la sensación de que, vayas donde vayas, siempre hay un funcionario, no te equivocas. España ha pasado la barrera mágica: somos más de tres millones de empleados públicos. ¡Un auténtico ejército! Si lo comparamos con la población, es como si uno de cada cinco trabajadores tuviera su plaza asegurada, a prueba de crisis, jefes tóxicos o del fin del mundo.

Y claro, mantener a un ejército así de grande no es precisamente barato. El gasto en nóminas públicas es un pozo sin fondo que se ha tragado la friolera de 172.350 millones de euros en 2024, y sigue creciendo más rápido que el PIB. Es decir, que los sueldos públicos engordan a un ritmo del 5,6%, mientras el resto de la economía va a la velocidad de una tortuga con resaca, con un crecimiento del 3,2%.

"Si gastas más de lo que ganas, al final te quedas sin calderilla para llegar a fin de mes".

Y aquí, la "calderilla" se traduce en un gasto público que ha subido un 25,5% per cápita desde 2007, mientras nuestro PIB per cápita solo ha crecido un 1,5%. Se nota que el dinero se está yendo a algún sitio, pero no precisamente a tu bolsillo.

La gran mayoría de estos "soldados" no están en Madrid, sino que se distribuyen por las comunidades autónomas (más del 61,4% de los efectivos, para ser exactos). Es allí donde están los médicos, los profesores, los señores de las ventanillas de la Seguridad Social… o, como diría el chiste, "los que tienen cita previa para darte cita previa".

Ventajas y desventajas de ser un "héroe" del sector público

Ahora, si eres de los que se ha planteado en algún momento "qué guay sería ser funcionario", te lo resumo en dos palabras: estabilidad y dinero. Resulta que el salario medio de un empleado público es casi un 25% superior al de un trabajador privado. Y la guinda del pastel es que esta brecha es tres veces mayor que la media de la eurozona, lo que nos coloca como los segundos campeones de Europa, solo por detrás de Luxemburgo. ¡Toma ya!

Además, si te gustan los lujos de las grandes ligas salariales, el sector público es tu sitio. Un 19,3% de sus empleados están en el último decil salarial (es decir, cobran unos 5.019 euros de media). En el sector privado, esa cifra se desploma hasta el 7,8%. Y no, no son solo los directores de hospital.

El INE dice que esto se debe a que en la administración hay más gente con estudios, se trabaja menos a tiempo parcial y la gente acumula más antigüedad. Y si eres mujer o tienes poca cualificación, es el paraíso, porque el sector público te paga mucho mejor que la empresa privada. ¿Ironía? ¿Justicia poética? Juzguen ustedes.

Y si eres de los que prefiere trabajar con el piloto automático, aquí tienes una joya de dato: los empleados públicos trabajan, de media, 43 horas semanales, frente a las 49 del sector privado. Y de bajas, ni hablamos. Aunque no hay estadísticas que comparen directamente el absentismo entre ambos sectores, la tasa general ya es de un 7,5%. En fin, que el sector público es un oasis de calma en el desierto del capitalismo salvaje.

El calvario del "papeleo": una tragedia en varios actos

¿Has intentado alguna vez hacer un trámite por teléfono? Es como una tragicomedia de Kafka. Un hilo viral en Twitter lo describió a la perfección: llamas, te cuelgan, todas las líneas están ocupadas, solo se puede ir con cita previa, pero para coger la cita, tienes que llamar. Y cuando por fin consigues una, llegas a la oficina y el 90% de las mesas están vacías.

Es la "operación tortuga" del siglo XXI, una que ha superado el millón de visualizaciones en un día. Y no es que la gente sea mala, es que, como dice un analista, "el problema es del sistema".

Y para que veas que esto no es cosa de "hater", el Tribunal de Cuentas, que son los que van de detectives revisando las cuentas del Estado, ya ha detectado "deficiencias" por todas partes, desde la gestión de los ERTE en la pandemia hasta la adjudicación de contratos públicos. Un caos en toda regla. Por no hablar de la vergüenza ajena que da el sistema judicial, con la mitad de jueces por habitante que la media europea.

Pero, a ver, seamos justos. Medir la productividad en el sector público es como intentar calcular el valor de un abrazo. No se trata de generar dinero, sino de salvar vidas, educar a nuestros hijos, curar a los enfermos y asegurar la justicia. Nadie pide a un hospital que sea rentable, sino que funcione cuando lo necesitas.

España en caída libre, según el Banco Mundial

Y si creías que el asunto era solo doméstico, agárrate, porque el Banco Mundial, esa institución que te mira con lupa, ha metido a España en la lista de los "países en declive institucional sin precedentes". Su informe de 2023 es como un suspenso generalizado para nuestra administración, con caídas en la eficacia del gobierno, la calidad regulatoria y, ¡ojo!, el control de la corrupción.

Hemos caído tanto que, en eficacia gubernamental, hemos perdido casi un punto en las últimas dos décadas, un desplome que no tiene comparación con países como Alemania o Francia. Es como si hubiéramos pasado de ser el "profe listo" de la clase a ser el "colega que va por la vida con la camisa por fuera y las llaves en la mano".

¿Ahora qué? ¿Fin del mundo o luz al final del túnel?

El problema no es que haya funcionarios vagos (que los hay, como en todos los sitios), sino que el sistema no está diseñado para funcionar. Es una máquina vieja que necesita una reforma urgente. La solución no es despedir gente, sino hacer que la que hay sea más eficiente.

La digitalización es un buen punto de partida. La OCDE nos recomienda que usemos la inteligencia artificial y los datos para optimizar procesos y que tengamos la valentía de hacer un "examen de conciencia" sobre dónde se va el dinero.

En definitiva, la Administración es un gigante dormido. Grande, con recursos y con un propósito social innegable, pero también lento, caro y, según los expertos, con una eficacia que deja mucho que desear. El debate no es si debe existir, sino cómo podemos despertar a este gigante para que, de una vez por todas, trabaje para nosotros, y no al revés.

Nota del editor: Pero si después de leer todo esto, crees que la solución está a la vuelta de la esquina, es que no has entendido el chiste. La dura verdad, la que no se suele decir en los informes oficiales, es que esta ineficiencia es, en muchos casos, un problema sistémico y no una simple "patología".

El propio Banco Mundial ha documentado un "declive institucional" en España, especialmente en el control de la corrupción, que es el más agudo entre las grandes potencias. Es la base de lo que algunos estudios llaman una "burocracia fallida". Y mientras la estructura piramidal del poder se alimente de sí misma, toda esta comedia del absurdo no solo perdurará, sino que se hará más fuerte.

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