28 de octubre de 2025

El cuento de las brujas

El cuento de las brujas

Mi hija llegó del colegio con una mezcla de entusiasmo y desconcierto.

—Mamá, hoy pasó algo muy raro en clase de historia.*     Su profesor les propuso un juego. Caminó por el aula y susurró a cada alumno “Eres una bruja” o “Eres normal”. Nadie podía comprobarlo. Nadie podía compartir lo que había oído. Luego dio la consigna:     —Formad el grupo más grande posible sin incluir ninguna bruja. Si hay una sola bruja en vuestro grupo, todos suspendéis.         La clase, que minutos antes era un espacio de confianza, se volvió un campo de sospechas. Miradas torcidas. Interrogatorios. “¿Eres una bruja?” “¿Por qué estás tan nervioso?” “¿Y si mientes?”     Algunos se agruparon confiando en los demás. La mayoría se dividió en pequeños círculos, excluyendo a cualquiera que mostrara duda, inseguridad o simplemente no encajara. La atmósfera se volvió tensa. La confianza se evaporó.         Cuando todos estuvieron agrupados, el profesor dijo:     —Muy bien. Brujas, levantad la mano.*     Nadie la levantó.         Risas nerviosas. Confusión. Y entonces, el golpe final:     —¿Y si en Salem tampoco había brujas? ¿Y si bastó con que alguien lo dijera para que todos lo creyeran?*         La clase se quedó en silencio. Mi hija también. Pero luego me dijo algo que me hizo pensar:         Hoy, en lugar de “bruja”, es liberal, conservador, de izquierdas, de derechas, conspiranoico, borrego, del Barsa, del Madrid, vacunado, no vacunado, pro-esto, anti-aquello. Las etiquetas cambian, pero la táctica es la misma:                  Divide. Desconfía. Señala. Aísla.          El peligro nunca fue la bruja. El peligro es el rumor. La desconfianza. El miedo. Las mentiras sembradas.

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